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Lucha contra el cambio climático

¿De verdad estamos intentando frenar el cambio climático?

Mientras sigamos escudándonos en mentiras y engaños no vamos a parar el cambio climático, ni siquiera lo vamos a frenar ligeramente.

Las llamadas COP (Conferencias sobre el cambio climático) empezaron allá por el 92 (a la primera la llamaron Primera Cumbre de la Tierra y se celebró en Rio de Janeiro) y a esta le siguieron nada más y nada menos que otras 25 “COPS”.

Desde el mero papel de espectadores e ignorantes ciudadanos de a pie podemos decir que nos da la sensación de que son un simple circo por el que van desfilando politicuchos de todas las naciones para darse un buen homenaje en forma de una semanita de vacaciones, porque visto lo visto no han servido ni servirán para nada a menos que realmente se dé un cambio radical en los acuerdos que se toman y como se ejecutan.

Si en 28 años hemos sido absolutamente incapaces de reducir (ya no hablo de detener o revertir) nuestra “aportación” al cambio climático es obvio que se trata de acuerdos totalmente inútiles y vacuos que solo sirven para hacer “el papelón” desfilar por la alfombra roja y hacerle ver a la ciudadanía que somos unos “gobiernos preocupados por el medio ambiente”.

Y esto es así porque desde hace esos más de 28 años todos estos acuerdos se han basado en mentiras y engaños en los que por una parte se plantean objetivos muy por debajo de las necesidades y por otra existen alternativas para burlar estos objetivos que básicamente consisten hablando en plata en ENVIAR LA MIERDA A OTRA PARTE.

Para que te hagas una idea.

Compra de derechos y bonos de emisiones

Emisiones de CO2

Mientras se firman esos acuerdos para reducir las emisiones, se están estableciendo mecanismos para que empresas y naciones pueden comprar bonos o créditos de carbono que les permitan contaminar lo que otros no lo hacen. Para que te hagas una idea y modo de ejemplo, si España cree que en 2021 emitirá en 2021 280 millones de toneladas de CO2 pero se ha comprometido a emitir solo 190, no pasa nada, vamos a Camerún que tiene derecho a emitir 110 millones de toneladas pero por su escasa industrialización solo emitirá 80 y le compramos los 30 millones restantes, y as- hasta conseguir comprar todo lo que emitimos.

https://www.miteco.gob.es/es/cambio-climatico/temas/comercio-de-derechos-de-emision/que-es-el-comercio-de-derechos-de-emision/

Exportación de automóviles usados a países pobres

Parque automóvilistico obsoleto

Mientras nos llenamos de políticas de renovación del parque automovilístico, de la penalización del uso de diésel, de ITVs y de esfuerzos por introducir e imponer el vehículo eléctrico (veremos que hacemos luego con millones y millones de baterías para almacenar o descontaminar) existe un importantísimo mercado paralelo que lo que hace es exportar gran cantidad de automóviles viejos, con más de 15 años, si esos automóviles diabólicos que contaminan a rabiar, emite partículas sin filtrar y en grandes cantidades a países pobres (por lo visto allí dejan de contaminar)-

Y lo más grave es que pasa aquí en la Unión Europea, todo un referente internacional en la imposición de límites de emisiones contaminantes y de dióxido de carbono al sector del automóvil buscando  la descarbonización del transporte por carretera en la UE y mejorar la calidad del aire.

Mientras tanto, la UE exportó entre 2015 y 2018 7,6 millones de coches usados, la mayoría de ellos con destino África occidental y Europa oriental, según aparecen en el informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) convirtiéndos en el mayor exportador de vehículos ligeros de segunda mano del mundo.

Si a Europa le sumamos las exportaciones de EEUU y Japón estamos hablando de enviar 14 millones de vehículos obsoletos, contaminantes e inseguros a “otra parte” muchos de ellos con más de 15 años de antigüedad y que no pasan la ITV.

Caca que no ves, caca que no contamina.

Montañas de plástico o mejor dicho, cordilleras enteras de plástico

Islas de plástico en el sudeste asiático

Aunque parezca de risa, y afortunadamente el 10 de mayo de 2019 en el Convenio de Basilea 180 países acordaron incluir los restos de plásticos mixtos en el el tratado que rige el desplazamiento internacional de residuos peligrosos.

Conforme al tratado enmendado, “los exportadores deberán obtener primero el consentimiento de los gobiernos de los países receptores antes de enviar los residuos plásticos más contaminados, mixtos o reciclables”. Cojonudo, entendemos que esto significa que antes no lo tenían.

Esta “exportación de plástico usado” que conforma esas aberrantes montañas que en ocasiones habrás visto en fotos, en principio se realiza para que el reciclaje se lleve a cabo en estos países.

El 46% del plástico separado para su reciclaje en la Unión Europea siendo exportado a estos países mayoritariamente del sudeste asiático, donde una cantidad significativa es rechazada de las corrientes de reciclaje en sistemas de gestión de residuos totalmente sobrecargados y que no dan abasto.

Según un informe de la revista  Environment International  hasta el 31% de este plástico no se recicla en absoluto y se sospecha que miles de toneladas (hasta el 7% del total exportado ) de él podrían estar entrando en el océano.

Pero no pasa nada, está lejos ¿no?

Los impuestos medioambientales

Son esos impuestos que comenzaron a a adquirir mayor importancia a finales de la década de los 80 y fueron concebidos como uno de los principales instrumentos con los que cuenta la economía ambiental para proteger y conservar el medioambiente, ya que intentan reducir el impacto negativo que produce la actividad económica bajo la sencilla premisa de quien contamina, paga

Los  principales hechos imponibles con interés ambiental son:

Las emisiones de monóxido de nitrógeno (NO) y dióxido de nitrógeno (NO2) que producen, sobre todo, los vehículos de combustión.

Las emisiones de monóxido de nitrógeno (NO) y dióxido de nitrógeno (NO2) que producen, sobre todo, los vehículos de combustión.

  • Las emisiones de dióxido de azufre (SO2) —principal causante de la lluvia ácida—producidas, especialmente, por la combustión de productos petrolíferos y la quema de carbón.
  • La gestión de residuos (domésticos, comerciales, industriales, de construcción, etc).
  • El ruido producido por el despegue y aterrizaje de los aviones.
  •  Los productos energéticos (gasolina, diésel, gas natural, carbón, producción de electricidad con combustibles, etc.) cuya combustión genera emisiones de CO2.
  • Fuentes de polución del agua (pesticidas, fertilizantes artificiales, ácidos, etc).
  • El manejo de la tierra y la extracción y uso de recursos naturales.
  • Las emisiones de dióxido de carbono (CO2).
  • Los productos que reducen la capa de ozono.
  • El transporte (matriculación, uso, importación o venta de vehículos contaminantes).

Por nuestra parte estamos totalmente a favor, tocar el bolsillo es la única forma de “concienciar” al contaminador y fomentar que se busquen caminos para contaminar menos, pero ahora bien, te has preguntado o sabes que parte de esos impuestos medioambientales una vez recaudada es destinada realmente a la lucha contra cambio climático estaría muy bien que realmente esa recaudación o una buena parte de ella realmente se destinase a preservar directamente el medio ambiente con acciones como reforestación, utilización pública de energía renovable, creación de nuevas plantas de reciclaje …

En fin, suponemos que tú, como nosotros, llega un momento en que piensas que en la lucha contra el cambio climático hay mucha parte de “postureo” ¿verdad?

PD: simplemente recordaros que estos artículos no tienen en absoluto ningún rigor científico y son fruto de ratos de aburrimiento y reflexión desde el punto de vista de un completo ignorante al que simplemente le preocupa el medio ambiente.

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